DANZA HOY – 1 de noviembre | Nuevos aires anuncian cambios.

Volver a Prensa   /  

Por Juan Lavagna Abogado. Productor de Ballet y presidente de la Fundación Arte y Cultura

Al poco tiempo de ser designada “Ciudadana Ilustre” en la Legislatura porteña, por unanimidad de los diputados de todos los bloques, la “etoile” vuelve a la compañía oficial en la Dirección Artística.

Hace unos meses, dos hechos han sido significativos y elocuentes, señalando que algún cambio puede llegar a avizorarse. Uno, Olga Ferri volvía al Teatro Colón, aceptando la Dirección General Artística de la Danza para la que fue convocada. El otro, era designada casi paralelamente “Ciudadana Ilustre” en la Legislatura porteña, por unanimidad de los diputados de todos los bloques. Algo funcionó en la política. ¡Es de no creer!

El teatro y la ciudad que la han visto crecer, formarse como gran artista de la danza, el mismo que fue marco de sus grandes éxitos y de algunos sinsabores, volvían a llamarla tal vez dando el último manotazo a una situación que ya no se sabía cómo manejar. Volver al Ballet Estable al nivel que perdió en estos años y que sus artistas merecen, es una tarea difícil sino están dadas las condiciones. Pero Olga Ferri no se amilana ante los desafíos ni aún a días de cumplir 80 años. Ella puede volver a otorgarle una impronta a la magnífica compañía, nutrirla de un estilo que venía perdiendo, darle una jerarquía que la ubicó en un lugar de privilegio en Sudamérica y en el mundo, manejar con honestidad el repertorio y las reposiciones y con la autoridad de su conocimiento, lograr la identidad de este ballet y tratar a los artistas con el mismo respeto que ella exigió para sí misma. Todo esto cuenta con su personalidad adecuada para lograrlo; pero, ¿contará Ferri con el respaldo de los funcionarios? Es lo que todos esperamos.

Olga Ferri fue la estrella indiscutida del Ballet del Teatro Colón, en una época que no había marketing, ni publicidad, ni campañas de prensa, ni patrocinantes, pero su nombre era requerido por los grandes coreógrafos que visitaban el Colón. Muchos de ellos la invitaron al exterior: Serge Lifar para ilustrar sus conferencias en la Sorbona, Heinz Rosen para sus actuaciones en la Opera de Munich, Tatiana Gsovsky para el Berliner Ballet, Milorad Miskovitch para el Festival de Enghein en París, Jack Carter para filmar “La Vida de Fanny Elssler” en Bélgica; Antón Dolin para el London´s Festival Ballet, Bill Martin Viscount y André Eglevsky para Estados Unidos. Pero Ferri siempre volvía a su casa: el Teatro Colón, y cada aparición suya era una luz en escena.

Quedaron fijados en mi memoria juvenil, cómo la recibió el público en dos de sus regresos de Europa, en una oportunidad hizo su “rentrée” con “Giselle” y cuando se abrió la cabaña y apareció en escena prácticamente dejó de escucharse la orquesta ante una gran ovación y en 1967 un sábado a la tarde en una función especial para los congresales del interior, personificando la Odette de “El Lago de los Cisnes” luego de un año de estar ausente del Colón.

Anécdotas hay cientos, fui su admirador, trabajé junto a ella, aprendí a su lado el “desarrollo del hecho artístico” y el respeto que significa estar en un teatro y levantar el telón. Siendo un abogado recién recibido, me privilegió permitiendo que revisara sus últimos contratos a Estados Unidos y con el tiempo me dedique gracias a las enseñanzas de un empresario que trabajaba con Ferri (el señor Sánchez) a la difícil tarea de la representación de artistas y producción de espectáculos y siempre Olga Ferri fue un camino, una guía, con la que a veces coincidíamos y muchas otras discrepábamos, pero siempre con el respeto que emana de una gran artista como ella es.

El último día que bailó en el Colón, salió del teatro y me dijo: “Fue mi última función, no bailo más…” Y yo contesté sorprendido: “¿Cómo, sin una despedida?” Olga dijo: “Son muy tristes, mejor así… ¡ah!… y a partir de hoy vamos a tutearnos”. Ahí nació una amistad.

Ya retirada, continuaban llegando propuestas de trabajo en el exterior y las rechazaba, pero quería hacer cosas en el país, recuerdo que los empresarios se quejaban por lo caro que resultaba llevar grupos de ballet al interior, entonces nos enseñó a armar las Conferencias Ilustradas con Primeros Bailarines (una o dos parejas) con las que recorrimos el país y de las cuales fue su mentora, organizamos espectáculos, en el Auditórium de Belgrano, en el Nacional Cervantes, en el Coliseo, en el Marín de San Isidro.

Olga ya se encontraba totalmente volcada a la enseñaza y con la misma pasión con la que bailaba. Hoy, alumnas suyas encabezan el ABT de New York, la Opera de París, el Ballet de Hamburgo, el Ballet de Santiago de Chile, el mismo Ballet del Colón.

Su imagen de “ballerina” quedó por siempre en la memoria de los que la hemos conocido, porque ella nos enseñó desde la escena cómo el artista construye un puente hacia el espectador y lo transporta a su mundo de breves instantes.

Su carrera finalizó en 1977 en una función de gala del Colón, donde bailaba “Coppelia” con Eduardo Caamaño; estrella de los ’50 y los ’60 había iniciado la década del ’70 con el mayor acontecimiento artístico que registró el Ballet del Colón la premier de “El Cascanueces” con Rudolf Nureyev en 1971, ese hecho concreto transformó a esa “pasión por la danza” en “leyenda”. Hoy esa “leyenda” continúa con una personalidad indiscutible, tangible, actual, lúcida, enérgica, apasionada, cuestionadora, disciplinada, a la que todos pedimos “iluminación” para volver al Colón a un gran nivel y con una actualizada renovación de repertorio (sin perder la tradición), con grandes maestros, y mejores coreógrafos, para que brinden todo lo necesario como en las épocas que hemos vivido y que la tenían como “estrella”. Esa estrella que Mujica Láinez menciona en “Los Cisnes”; que Abelardo Castillo tomó como referencia cuando recibió su premio por “Israfel” y Martha Linch plasmó en “La Señora Ordóñez”. “La diferencia entre Olga y su contorno era que ella estaba asistida por el arte…”

  • Contáctenos

    Email: info@balletestudio.com.ar
    Teléfonos: +54 11 4811 6298
    Dirección: Marcelo T. de Alvear 1435, Recoleta, CABA